Había una vez una niña llamada Vanesa tenía una vaca llamada Vero.
Todos los viernes, zarpaban al mar en un velero verde pero este viernes no fue un viernes cualquiera…
El vapor que producían las velas volaba veloz por el vagón vasco, Víctor [el hermano de Vanesa] tocaba un verso de la viola que le había prestado su amiga Valeria.
Ella era una chica muy vital y simpática pero aquel día no estaba como de costumbre porque había tomado una vaina con un pequeño virus que la puso malita y no pudo ir a tocar la viola, así que se la prestó a Víctor.
Vanesa quería votar si podía venir Violeta [su mejor amiga], pero su madre no le dejó.
Era la hora de la merienda, Vanesa quería armarse de valor y tomarse la vulva del zumo, mientras que Víctor ya había dejado su vaso vacío.
De repente, Víctor se empezó a encontrarse mal. Nauseas, dolor de cabeza y finalmente vómitos.
Alguien había echado algún tipo de veneno en su vaso y se encontraba fatal.
Víctor estaba en el suelo rojo de vergüenza por haberle gastado esa broma a su hermana.
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA